Pessoa, o Caeiro, y la sensación pura


Cinco versos de Alberto Caeiro, uno de los heterónimos de Fernando Pessoa, forman un exquisito poema:

«Leve, leve, muito leve,
Um vento muito leve passa,
E vai-se, sempre muito leve.
E eu não sei o que penso
Nem procuro sabê-lo»

[Leve, leve, muy leve,
un viento muy leve pasa,
y se va, siempre muy leve.
Y no sé lo que pienso
ni pretendo saberlo
]

Pablo Rivière los utilizó en una partitura suya, Orpheu, para recitador, coros y orquesta, y de ahí, de su canto, tomé yo una célula de cuatro notas (Mi, Mi bemol, La, Do) en una pieza para el órgano grande del Auditorio Nacional de Madrid… las cuatro notas, el título del poema convertido en título también de mi pieza y el clima de dulce melancolía derivado de los versos.

Su apología de la sensación pura (“…y no sé lo que pienso ni pretendo saberlo”) completamente al margen de toda reflexión, recuerdo, intención o propuesta, me llevó a apoyar la obra, más que en una rígida estructura, en la impresión sonora de cada instante, procurando además mantener la imagen de fluir constante, de brisa, que los versos transmiten… y su levedad.

Alberto Caeiro había nacido –según Pessoa– en 1889 y muerto en 1915. Pessoa concibió y convirtió a Caeiro en su maestro y añadió otros heterónimos, Álvaro de Campos y Ricardo Reis, también como discípulos suyos; los cuatro, incluyendo al propio Pessoa, resultaron ser poetas muy singulares y con obras y personalidades, aun con algunas coincidencias, muy diferentes entre sí.

A diferencia de sus ‘discípulos’, afanados buscadores de los misterios de la vida, el tiempo y la muerte, Caeiro consideraba que la realidad es algo meramente sensorial, inequívoco, casi superficial; más allá sólo habría subjetividad engañosa e inútil. Su poesía es un fiel y aparentemente sencillo reflejo de esto.

[A. Caeiro: “Leve”, en O Guardador de Rebanhos (49 poemas fechados en 1914; publ. 1925, revista Athena), reed. en Fernando Pessoa. Obras Completas de Alberto Caeiro, a.c. de Teresa Sobral Cunha, Lisboa, Presença, 1994; trad. Poesía completa de Alberto Caeiro, México, Verdehalago, 2000]
[Ilustraciones: Fernando Pessoa, dibujo de Almada Negreiros]

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