Exquisitos reflejos

Schoenberg, Stravinsky y Ravel comparten orfebrería y sutilezas en tres obras, cada una reflejo de la precedente: las Canciones de la lírica japonesa son hijas de Pierrot lunaire, mejor dicho, de la impresión que el melodrama de Schoenberg dejó en Stravinsky, y los Poemas de Mallarmé, de Ravel, fruto de lo que él vio en la partitura de esas Canciones japonesas y Stravinsky le contó de Pierrot tras asistir a una de sus primeras representaciones.

Lo comentaba yo en las notas al programa de un concierto que no llegó a celebrarse y quedaron, desde 2005, inéditas…

Pierrot lunaire. Anuncio del estreno«Tras concluir en noviembre de 1912, en Clarens (Suiza), la composición de La consagración de la primavera, Stravinsky viajó a Berlín, donde actuaban los Ballets Russes de Diaghilev. Allí conoció a Schoenberg y asistió, el 12 de diciembre, a una representación de Pierrot. Un mes más tarde, en enero de 1913, compondría las Tres canciones de la lírica japonesa, con una plantilla instrumental claramente inspirada en la partitura berlinesa, aunque ligeramente ensanchada: si Schoenberg había empleado, junto a la voz y un piano, una flauta y un piccolo a cargo de un solo ejecutante, Stravinsky escribirá sus canciones para dos; lo mismo hará con el clarinete y clarinete bajo, para un solo clarinetista en Pierrot lunaire y para dos en las Canciones japonesas, y con los instrumentos de cuerda, con un sólo intérprete que alterna violín y viola y un violonchelista en la obra de Schoenberg, mientras Stravinsky opta por un cuarteto de cuerda completo.

Stravinsky había leído el verano precedente una pequeña antología de poemas japoneses. “La impresión que causaron en mí –confesó– fue exactamente la misma que la pintura y los grabados japoneses me producían. La solución gráfica a los problemas de la perspectiva y el espacio que ese arte mostraba me incitó a encontrar algo parecido en el ámbito de la música”.

Aunque la traducción que emplearía no mantenía la estructura métrica de los versos originales, el compositor optó para su pequeño álbum musical por la brevedad de tres poemas, conocidos como ‘wakas’, de autores de los siglos VIII y IX, sobre la llegada de la primavera. Los nombres de sus poetas dan título a estas canciones, cada una dedicada a un compositor cercano entonces a Stravinsky: Akahito, la primera, a Maurice Delage (autor de la traducción francesa), Mazatsumi, la segunda, a Florent Schmitt, y la tercera, Tsaraiuki, a Maurice Ravel.

Ravel había conocido a Stravinsky en 1909. Ese año Diaghilev le encargó la música de Daphnis y Chloé para los Ballets Russes, y Stravinsky, que había orquestado ya obras de otros autores para la compañía, trabajaba en El pájaro de fuego, que se iba a estrenar al año siguiente. Los dos compositores tuvieron una estrecha relación, sobre todo durante su colaboración en la orquestación de Kovanshchina de Mussorgsky (también para Diaghilev) en Clarens en 1913. Es el año y el lugar, recordémoslo, de la composición de las Canciones de la lírica japonesa. Stravinsky se las mostró a Ravel y éste, seducido por la nueva partitura, adoptó enseguida la misma instrumentación para componer sus Tres poemas de Stéphane Mallarmé, que mantienen y recrean a su modo la transparencia cristalina de las Canciones.

Pierrot lunaire. En el estreno

La orfebrería y las sutilezas de la escritura, así como la agudeza intelectual de los recursos poéticos, son compartidos por Pierrot lunaire, las Canciones japonesas y los Poémes de Mallarmé, pero cada obra muestra bien claramente el enorme talento y maestría de los tres compositores y su personalidad…»

Las músicas que componemos, como cualquier otra creación, o cualquier paisaje, imagen, suceso, ofrecen muchas formas posibles de ser percibidas, entendidas, apreciadas… De Pierrot lunaire los manuales de música, notas y comentarios más frecuentes (y tantas veces rutinarios) destacan su expresionismo, su estructura, el atonalismo, el uso rompedor del recitar-cantando…, todo cierto, todo importante o muy importante, pero me llama la atención que pocos hayan destacado lo que Stravinsky vio (escuchó) ahí enseguida y por encima de lo demás: el particular e innovador manejo que hizo Schoenberg de los colores instrumentales, con un conjunto mixto, tan sencillo y asequible como rico en matices; tanto que se convertiría en el germen de la música de cámara de todo el siglo XX

[de A. Aracil: Exquisitos reflejos, notas al programa de un concierto previsto para el ciclo de cámara de la OCNE en el Auditorio Nacional, Madrid, mayo 2005, no celebrado; inéditas]
[ilustraciones: cartel del estreno de Pierrot Lunaire y fotografía de Arnold Schoenberg (tercero por la izda.) con los interpretes: Carl Essberger (clar.), Eduard Steuermann (piano), Albertine Zehme (actriz-recitadora), Jakob Malinjak (vln. y vla.), Hans Kindler (vcl.) y Hans W. de Vries (fl.). Berlín, Choralionsaal, 16.10.12; autor sin identificar]

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