Tantas formas de leer…

«A los cuatro años descubrí que sabía leer», nos cuenta Alberto Manguel en las primeras paginas de su personal ensayo y relato Una historia de la lectura. Había visto, nos dice, innumerables veces las letras pero por primera vez entonces relacionó los trazos de algunas de ellas con un significado. Otro lector le había explicado «el valor de aquellas formas» y tiempo después sentiría él el estremecimiento de ser capaz de hacer por sí mismo «aquel acto de prestidigitación» que convierte las formas de las letras en objetos, historias, ideas… «Fue como adquirir un sentido nuevo», explica y, con ello, nos hace recordar lo que cada uno hemos vivido.

París SteChapelle AracilPero leer libros, leer letras, es sólo una de las muchas posibilidades que hay de lectura, y Manguel a renglón seguido amplía preciosamente el foco de su atención entre jubilosa y admirada; unas líneas que me ayudaron a entender la lectura como algo más fascinante y a la vez más cotidiano de lo que había hasta entonces pensado…

«El astrónomo que lee un mapa de estrellas que ya no existen; el arquitecto japonés que lee el terreno donde se va a edificar una casa con el fin de protegerla de fuerzas malignas; el zoólogo que lee las huellas de los animales en el bosque; la jugadora de cartas que lee los gestos de su compañero antes de arrojar sobre la mesa el naipe victorioso; el bailarín que lee las anotaciones del coreógrafo y el público que lee los movimientos del bailarín sobre el escenario; el tejedor que lee el intrincado diseño de una alfombra que está fabricando; el organista que lee simultáneamente en la página diferentes líneas de música orquestada; el padre que lee el rostro del bebé buscando señales de alegría, miedo o asombro; el adivino chino que lee las antiguas marcas en el caparazón de una tortuga; el amante que de noche, bajo las sábanas, lee a ciegas el cuerpo de la amada; el psiquiatra que ayuda a los pacientes a leer sus propios sueños desconcertantes; el pescador hawaiano que, hundiendo una mano en el agua, lee las corrientes marinas; el granjero que lee en el cielo el tiempo atmosférico; todos ellos comparten con los lectores de libros la habilidad de descifrar y traducir signos […] Todos nos leemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea para poder vislumbrar qué somos y dónde estamos. Leemos para entender. No tenemos otro remedio que leer. Leer, casi tanto como respirar, es nuestra función esencial».

[A. Manguel: A History of Reading, Toronto, Knopf Canada, 1996; trad. (por J.L. López Muñoz) Una historia de la lectura, Madrid, Alianza Edit. / Fund. Germán Sánchez Rupérez, 1998] [fotografía: París, Sainte Capelle, detalle © A. Aracil, dic. 2004]

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5 comentarios
  1. Jesús Duce dijo:

    Suscribo totalmente las palabras de Manguel. Yo también leo sus libros y comparto su pasión imbatible por la lectura.
    Un abrazo

  2. Sol Bordas dijo:

    También recuerdo mi primera vez de comprensión lectora en el colegio. Pura magia.

  3. Yo la verdad es que no tengo un recuerdo preciso, así que lo he de imaginar…

  4. Lola dijo:

    Hola Alfredo; mi nombre es Lola y acabo de descubrir tu blog. Si me lo permites me gustaría enlazarlo al mío, se llama “Ab música y más” y pretende ser educativo.
    Saludos de una admiradora.

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