Las nubes de un coloquio

Me refiero a las lonas que cubren los pabellones de la Nave de Música de Matadero Madrid. Un coloquio me llevó este otoño allí para hablar sobre el papel e influencia de los programadores, críticos, editores, en la creación de enfoques y tendencias de difusión o consumo musical; estaba organizado por iniciativa de la siempre activa Susan Campos, para la sección Sound-In de Estampa.

Estampa es una veterana feria de arte múltiple que surgió, de ahí el nombre, dedicada a las artes gráficas y que de un tiempo a esta parte ha incorporado también las grabaciones sonoras, otra de las formas -imagino que la más potente en términos socioeconómicos y quizá también estéticos- de producción artística en serie.

Empezando así esta nota podría continuar comentando cómo la radio y el disco han marcado un antes y después en la historia de la música; cómo han supuesto la segunda verdadera revolución, pienso yo, tras la invención de la escritura. O bien, recordar que el gran debate sobre los valores y problemas de la reproductibilidad del arte -la pérdida del aura, las ficciones del éxito- se produjo tomando como base de reflexión la fotografía y el cine (Walter Benjamin) o la música, los discos (Theodor W. Adorno). Pero en realidad lo que yo quería es simplemente compartir las imágenes que encontré allí mirando hacia las nubes.

¿No es frecuente mientras piensas lo que hablas o piensas en lo que escuchas -mientras piensas, en definitiva- mirar hacia arriba? Creo que leí en algún sitio que inconscientemente lo que hacemos así es facilitar el riego sanguíneo en determinada área del cerebro, pero no estoy seguro de que esto no sea más que pura imaginación por mi parte. En cualquier caso, me descubrí bajo un precioso cielo de rayas de distintos colores y, de eso sí doy fe, encontrarme tan bien cubierto como bien acompañado me llevó a sentirme bien a gusto.

[fotografías: lonas de la Nave de Música en Matadero Madrid, octubre 2012 © Alfredo Aracil]

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2 comentarios
  1. José Ramón Ripoll dijo:

    Querido Alfredo: según me contó hace tiempo mi siquiatra de entonces, cuando miramos hacia arriba entran en contacto íntimamente los dos hemisferios cerebrales: el encargado de guardar las imágenes y el de las palabras. Por eso cuando no nos acordamos de algo elevamos nuestras pupilas, poniendo a veces los ojos en blanco, llegando rápidamente a una especie de estado alfa. De ahí que muchos santos y místicos estén representados en la pintura universal con esa mirada. Abrazos

    • Gracias, José Ramón; qué buena addenda esta tuya. Un abrazo desde este Viento que nos lleva y de vez en cuando nos reúne.

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